Un anillo de trapo

May 18th, 2009 -- Posted in | 1 Comment »

Un anillo de trapo para las manos que anidarán mi corazón, como un pájaro de ojos anaranjados y alas anchísimas de celofán para discutir con el viento. Un índice apacible recibe el anillo de trapo y rememora la infancia, en particular a las manos de mi madre que alguna vez me acunaron e hicieron que mi corazón no se supiera manejar con destreza. Que mi corazón no supiera enfrentar los embates del viento que sale de tu boca.Que mi corazón esperara la lombriz en la garganta para llorar. Las lágrimas y el viento que me llevan hacia alguna parte.
Oh, tus manos son un mapa: ríos y montañas y una línea larga que delata que tu vida alcanzará para mí. Oh, tus manos trazan la dirección del viento. Oh, tus manos como signo de la plenitud. Oh, tus manos y el pájaro cantando en tu ventana. Oh, tus manos y un signo de infantilidad a tus pies.
Busco tus piernas. Ramas. Desconozco el destino. Todavía no sé, si el anillo de trapo es el precedente a las suficientes ramas para colgar mis párpados. Me abrazo a tus piernas. Espero. El corazón acompasado, tiene hambre. Tu índice es la base del nido. Todavía no sé, si el pecho se abrirá como las alas. Todavía no sé si la transparencia es sensata.
Tus manos que anidarán mi corazón, tus manos que tejen cientos de esperanzas.
Tus manos en el pecho, tus manos y unas alás fáciles de cortar (celofán).
Tus manos y el corazón recolectando hojas del otoño pasado, tus manos y las ramas que no encuentro. Los párpados tan abiertos ante el embate del viento.
 Las manos, un mapa, ¿hacia dónde? Las manos, un trapo para dormir, ¿cuándo? Las manos y unos ojos cítricos, ¿por qué? Las manos y las esperanzas siempre, siempre, tan siempre hasta la aurora boreal.

El corazón elefante

May 15th, 2009 -- Posted in | 1 Comment »
Las bugambilias hechas puré (afuera). Una melancolía que es un sticker en los postes (afuera). Quita y pon. Pon y quita. Las paredes son pantallas transparentes (adentro): Puedo verte dormir y el único color que existe es el del puré, violeta y con tintes de clorofila (adentro).
(Cuando estoy contigo, los elefantes cierran los párpados y todo parece tan ligero que la eternidad puede existir en un reloj digital).
Los elefantes también duermen, serenos. Un baile de luz, tiempo atrás. Un baile de luz antes del abrazo y de las cucharas. Un baile de luz que pisotea las bugambilias. “Sé cautelosa con lo sucedido”. “Sé cautelosa y engoma el sticker con tu lengua”. “Sé cautelosa y ten la memoria de los elefantes”.
Tú dices que las bugambilias son un signo del sol y la paz. Yo te digo que la urbanidad me ha abierto el pecho: tengo el corazón afuera. Latido. Quita y pon. Latido. Quita y pon.
“Una mujer hermosa es invisible”. Un libro de zoología (adentro). Tráiler gris (afuera). Los envoltorios de la epidermis ocultan la gravedad: Tú tienes una manera única para hacerme llorar, como si las lágrimas no me pesaran. La levedad y los elefantes. La casa tiembla por el paso del tráiler. Una marcha de elefantes en mis sueños que no me taladra las sienes. Te veo dormir. Una manta de cuadros blancos y negros (asfalto). Pienso en despertarte. Los elefantes aún roncan. Una danza de luz cuando me abrazas. Un bebé elefante se despierta, atolandrado y frágil, camina al borde de tu cama. Duermes profundamente y la trompa (lentamente) te resguarda. Aún no despiertas. El claxón.
Tu rostro sin ápices. Tu rostro ayer es el mismo. “La mujer hermosa es invisible”. Coleccionar lágrimas y pegarlas en los postes. Coleccionar lágrimas y hacer un graffiti con ellas. Cómo me pesa verte dormir: No puedo moverme, quiero quedarme ahí por y para siempre. Hay hipnosis, la epidermis es mágnética. No tienes la piel rugosa. Tocarte y esperar a imantarme. Como al refrigerador.
Un sticker, entonces. Una verdad, entonces.
Quita y pon la verdad sobre la mesa. Quita y pon la verdad sobre tu lengua. “No soy cautelosa cuando duermes”. “No puedo ver más allá, solamente los elefantes”.
Tu rostro sin ápices nuevamente. Ni una pizca de sal.
Quita y pon tu rostro sobre mi hombro, por favor. Quita y pon tus manos sobre las mías, por favor. Quita y pon tu boca sobre mis labios, por favor. Quita y pon tus sueños en mis sueños, por favor. Quita y pon tu corazón en mi pecho. Quita y ponte un corazón nuevo, tú. Quita y pon. Mi corazón autoadherible (afuera). Tu corazón único (adentro). Quita los postes, pon la esperanza. Quita y pon la melancolía en lo que nunca sucedió.
No hay tompras de elefantes, lo que escuchamos es una obertura de cordones umbilicales (adentro) que se remonta hace siglos: el silencio (afuera y adentro).

“Con un abrazo salvó la vida de su novia”

May 14th, 2009 -- Posted in | No Comments »
Tápices de hojas triates y bugambilias sobre los cuadritos de la acera. Mi ombligo se propone ser un pozo (único) ante la superficilidad de los días secos. Ayer cayeron baldes de agua fría desde el cielo, llovió hasta el hartazgo. Solamente así pude sumergirme entre el concreto y las várices de metal.
El ceño fruncido.”Pecho tierra”. Las venas y las arterias demarcan nuestros corazones, como si hubiera una oportunidad para que nuestras uñas escarben y encuentren su propia tumba.
“Estaré contigo”.
Intento entender a los nudillos como una capacidad de perdón, diciendo que nunca hubo un puñetazo directo en la mejilla contraria.
“Estoy con ella”.
Hacer todas las ofrendas de una simple petición: quédate.
Pero es que es tan poco, tan poco que ni siquiera honra a nuestra memoria. Entonces, el cello fruncido nuevamente. Prometerte todos los días, mañana. Prometerte el pasado mañana. Corazón a rayitas. Calcetines de colores rebosando los cajones. Un estado de consulta: “¿Te abrazo?”, me preguntas. Un estado de disminución: “¿Me quieres?”. Corazón a cuadritos. Calcetines mojados en todas las calles. Un deseo que sobrevive hasta que alguien se mete un cerillo a la boca y deja de respirar. Un balcón esperando la redención. Una serie de fotografías alineadas. Un anuncio publicitario de detergente. Más calcetines de colores hay en la calle. Mojados. Se decoloran, lo gris caracteriza la cotidianidad. La serie de fotografías es en blanco y negro. Tu sonrisa enmarcada en mi corazón. Corazones y calcetines para meterlos en el bolsillo. Corazones que abundan en las esquinas. Corazones que se te ofrecen. Calcetines que te regalo. Corazones que no quieres. Calcetines que clavas en los postes. Mi corazón a prueba de balas. Calcetines mal cosidos.
Entonces, ceño fruncido. Arruga en la frente. Arruga para siempre.
Mi corazón no aguanta el ardor del puñetazo de ayer. Calcetines que se deshilachan. Calcetines al dos por uno. Corazones que cuestan quince pesos. Estados mínimos. Estados futuros. Como si estuviera dado. Como si las aceras las barrieran diariamente. Como si los tápices no fueran hechos de esta naturaleza viva. Pero, ¿mañana? ¿Mañana amanecerán los charcos? ¿Mañana estarás conmigo? ¿Mañana será mañana realmente? Mañana no habrá duda de que el barrendero se llevará estos tápices para decorar su casa pero ya estarán hasta el hueso.

April 1st, 2009 -- Posted in | No Comments »
Oráculo. Revista de poesía

invita a la presentación de su 

número 27/Primavera 2009

Presentan:

Sergio Loo
Karen Villeda
y Rodrigo Castillo

Jueves 2 de abril de 2009,19:00 horas 
Café-bar “Las Hormigas”
Casa del poeta Ramón López Velarde
Álvaro Obregón no. 73, colonia Roma

February 19th, 2009 -- Posted in | 1 Comment »

“No romperás esta tormenta”, le dijeron y amarraron su amoratado pie a una barca que, con un pesado soplo de las nubes, no se deslizaba hacia el mar abierto. “Harán falta más nubes que las que cubren el cielo y no sé de dónde las sacaré”. No tengo mangas para sacar cirros por debajo. “Esto no es un manto que recubra tus cavidades óseas”. La barca no se movió y la columna empezó a respirar acompasadamente. Haría falta un respiradero para el corazón, cortándole las alas y esperando a que los latidos dieran el primer paso y saltaran para hundirse.

“Ni romperás esta tormenta con el más digno corazón”, me dijeron y me embarqué rumbo a la isla más cercana que todos conocemos: el dolor. Y, así, transcurrieron los días hasta que los vientres de los muertos no estuvieron hinchados como el resto de mi cuerpo. No sé si la sal del mar es capaz de conmover mis extremidades hasta destensarlas y hacerlas llorar. No sé si los supuestos acuáticos volverán a ser realidad.  (Espero la descomprensión de los nervios).

Sobre “efecto invernadero”

January 27th, 2009 -- Posted in | 1 Comment »

Fue escrito el 7 de noviembre de 2007.

efecto invernadero

January 22nd, 2009 -- Posted in | 8 Comments »

Mi boca construía bocas en tu boca. Labios abriéndose gladiolos. Nos entrecruzamos y me exigiste suelo. “Mi cielo” (se me ocurrió nombrarte) y nuestros talles/tallos entraron en otra/edad. No permití que la tierra oscureciera tu cuerpo, volaste a lo Girondo. Desterrar la rotacion, huir del virus mosaico, la humedad ambiental excesiva es una protección. Me orienté vertical hacia ti y mis yemas axilares encuentraron labios al mayoreo. Salías de tu base y mi lengua -espadilla sin taxonomía- palpando lo “subcielano”. Tu espalda, finísima espiga paralelinervia, me alimentó las amidgalas enrojecidas con semillas aladas. “Estas plantas se quedan ciegas”, me confesaste. El nitrato desapareció de la superficie de cultivo. “Mi cielo” te dije  -zona superior en conos- y tú te reíste. Mi abertura dental se encerró en una polinización, luz artificial. Sobre mi boca te hiciste flujo diploide, una morfología floral única. Lanceolada triunfaste en la batalla y nos hicimos raíz. Floración y bulbos en otoño. Te susurré el cielo al filo de tus tobillos y desvíamos la corriente, fuimos agua viva, un corno cantando victoria

January 18th, 2009 -- Posted in | No Comments »

Si puedo retener el espasmo en mi lengua –esa estatua de sal que se derrumba al tronar dedos–, entonces el vaho es el culpable de la caries, de la saliva cayendo en hilillo. En tu precisión de nervio hay un tambaleo: Asirme a tu flanco me hace cuerpo dimitiendo lo intangible. En la deslumbrante izada del ilion nombramos un testimonio, coherencia de dientes, una certeza de muslos. Confieso que hinco el incisivo en tu hombro –limada dermis que me permuta– sólo para ser inconsecuencia. Tu ombligo es el hervidero de la soledad. Si puedo deshacer tus talones en un crac, que no quepa el corazón en tu pecho. Te digo que no hay porqué resentir el latido hasta el pulso de la sequía. La humedad nos prolonga, simulacro de quebrantar arterias en gemidos. Aquí el manoseo, aquí la realidad del infinito: Te siento hasta el colchón.  Haciendo la guerra desacierto el lugar común, virando la frase a “pecho cielo” para que me despliegues. No devolveré el sosiego a tus manos, la drupa es una penumbra que no me hace falta. Debo morir abatiendo, abatiendo tu cuerpo, nitidez de la pira. Debo morir en este embate que me insinúa el universo en tu pulgar. Si puedo entretejer tu cuerpo sin un dedal, entonces que venga el vértigo, que nos venga/

January 13th, 2009 -- Posted in | 2 Comments »

III

ÉL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quiero estar contigo de día y de noche

En lugar equivocado y en el momento incorrecto.

 

Predicho, dicho y hecho

Ella era Él

Sofía despertó entre los brazos

De noche, todos somos otras personas”, pensó

Éste rostro es el verdadero”

 

Las canciones cambiaron de género: nanana era masculino

Él sabía quién era Sofía, pero Sofía no sabía quién era Él

Sabía nombrar las cosas

 

- A esta cosa, se le llama relación. A esta relación, se le llama amor. Eso es lo que tenemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

La realidad geométrica de Sofía era siempre la misma. Las aristas. Círculo como recuerdo de una línea. Ya no la vivencia. Él le regaló una litografía de “Balanceo”, Sofía desconoció a Kandinsky y apenas miraba las formas dispuestas. La fuerza y el ritmo dinámico sólo estaban en “Balanceo”. Los colores no existían. Era una pieza musical que nadie escuchaba, sólo Negro y Ella, que era Él. El enojo de Sofía como un cuadrado obtuso. Esa realidad. Ver todo como un poliedro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Él le regalaba violetas cada semana. Las flores se marchitan pronto. “Es la vida, una tapia en ruinas: una flor que es piedra”. Las manchas sobre la alfombra beige habían desaparecido y un aire suave iba y venía en la habitación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ventana siempre estaba abierta

Sofía solía mirar haciafuera, esperando encontrarme

Pero jamás pasaba de la puerta

Él decía que no había ventana alguna cuando Sofía hablaba del ligero viento

 

Él pensaba en la naturaleza de las cosas

En este orden natural

Así es como tiene que ser Sofía, estamos juntos. El público nos aplaude”.

 

- Todas las cosas tienen su nombre – dijo Él

- Lo sé – respondió Sofía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sofía había creado a este hombre con el poder de su mente. Se había imaginado que estaba en el orden natural de las cosas. Todo como debía ser. Sentir los brazos viriles, la cara angulosa, la frente prominente. Pero sus labios blancos. “¿Por qué mis labios blancos?”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando te destruyo, me siento viva”

¿Cómo puedes destruirme? Si tú me has hecho

Yo soy lo que tú quieres, lo que necesitas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sofía tenía treinta años. “Futuro” era inexistente en su vocabulario, específico para sus cosas. El tiempo ya podía medirse. Horas, minutos, segundos. Días, meses, años. Todo el pasado era su futuro. Su corazón apenas latía. Recordaba que su piel conoció un sudor foráneo. “¿Quién eres?, ¿dónde estás?”, se preguntó. Cerró los puños. “Es lo que te mereces”, pensó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sofía perdió la ventana, encontró el clóset

Se encerró en él

Había una colchoneta apolillada

Manchas de grasa sobre los cuadros grandes

Le recordaba a su uniforme

Las fuentes de luz se perdían en la madera hueca

 

Esto somos nosotras”, murmuró Sofía

No. No somos nosotras. Ni la ropa vieja de nuestros padres. Pero tú me llamaste “bonita” cuando use la chalina de mi madre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Él no la buscó. No entendía las cosas. Apenas había descubierto que le crecía fuertemente el vello facial en las mejillas. “¿Quién soy?”, se preguntó Él. Pero nadie le respondió. La casa estaba vacía. El cortometraje en blanco y negro se detuvo. No era el final. Menos el intermedio. El público se retiró.

January 8th, 2009 -- Posted in | 1 Comment »

–¿Y, Masculinidad me ama? Sólo Tesauro especifica contigüidad. (Y sólo Tesauro nos mantiene juntos en la Lobreguez). Somos cuerpo sin escritura: las lexicografías son nuestro punto de partida. La yuxtaposición de “nosotros” se basa en… Doseles. Librero. Dúplex. Buró. Toallas. Mugs. Distingo mi  pulso de sequía: Contumelia. “Nosotros” es obturación: Vértigo del compartir. “Nosotros” es conjugación de Verbo –reclamación del hábitat para organismo- en pretérito perfecto. “Hemos existido”, “hemos sido”. En este eco, se intensifica el galope de mi sangre: Demoro el latido, precipito la respiración (enemistad con las sienes, reclusión del atisbo). Huir, insisto, es una resonancia.